#InArts #Indeleble #OnirismoPoético

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Por: Aída López*

Sueño 1

Me encuentro de noche en un campo desolado apenas iluminado por escasas estrellas y la luna menguante. A momentos el espacio oscurece por el tránsito de nubes que caprichosamente ocultan a los astros. Siento frío, el viento discreto susurra silbidos, el olor a yerba mojada impregna mi olfato, giro sobre mi cuerpo en busca de alguien a quién preguntarle dónde estoy, cuando se acerca a mí Hermenegildo, sorprendida le pregunto qué hace ahí, pues tiene varios años que no lo veía, desde que trabajamos en la misma escuela una década atrás, sin decir nada a lo lejos me señala con el dedo una colina donde en la cima se encuentra lo que parece ser una gran fiesta por la cantidad de luces iluminando una palapa en la cual se ven personas. Hermenegildo intenta tomar mi mano, yo la retiro impidiendo que me toque, me resisto a subir a la fiesta, siento temor. Se que está muerto.

 

 

 

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Sueño 2

Se detiene el elevador, voy acompañada de una persona conocida de la cual no recuerdo ni su nombre, ni su rostro. Salgo del elevador y me encuentro en un espacio amplio, iluminado, pisos brillantes, paredes coloridas, parece el lobby de un hotel. Repasando la mirada, en una de las esquinas reconozco a Alexander Shonert sentado en el sofá, reconocido violinista siberiano que conocí a través de FB; a su lado está otro músico que deduzco por el violoncelo que tiene entre las manos. Sin titubear recorro el sitio a su encuentro, sorprendida le pregunto qué hace ahí, su respuesta es que el hotel es el más bello del mundo y por qué no estaría. Nos miramos fijamente, yo, sorprendida de conocerlo en persona en el lugar menos imaginado, un hotel de la Ciudad de México.

 

 

 

 

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Sueño 3

Sueño que sueño, sueño que vuelo. Con sólo un impulso puedo volar a diferentes alturas, puedo ver muchas cosas al mismo tiempo; por primera vez veo las copas de los árboles, las azoteas, los espejos de agua. Las cabezas de la gente parecen agujas sembradas en distintos puntos en una planicie que a veces es de color verde y otras gris. Los carros parecen que son de pila y recorren caminos destinados. Jugueteo en el viento, a veces soy bailarina, otras me impulso para confundirme entre las aves. La ropa me estorba, me la voy quitando, ahora sí soy libre, quiero que mis brazos se vuelvan alas, que mi cuerpo se cubra con plumas de colores, que de mi garganta salgan trinos y nunca volver a hablar para no revelar mi secreto. Cierro los ojos y sin darme cuenta entro a una nube que impide mi vuelo, desesperada pataleo, forcejeo, es inútil la sábana se ha enredado en mi cuerpo, sábana que amortigua el golpe cuando caigo de la cama

 

 

 

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Sueño 4

La noche me gana, apresuro el paso, debo llegar antes de la media noche. Al dar la vuelta en la esquina de mi casa, encuentro mi carro chocado. Enojada comienzo a buscar a los culpables, un carro adelante del mío y dos mujeres jóvenes, una de estatura baja y complexión gruesa a la cual no presto atención y otra alta, delgada, cabello lacio negro y vestido pegado al cuerpo con la cual comienzo a intercambiar palabras que van subiendo de tono hasta llegar a los insultos. Enojada entro a mi casa. Antes de la hora escucho que mis perros comienzan a ladrar insistentemente, me asomo por la ventana, veo que la mujer que me chocó el carro acompañada de varios hombres ingresan a mi cochera después de forzar la reja y tocan mi puerta que de no abrirla la hubieran tirado. Siento miedo y con todas mis fuerzas desde adentro intento cerrarla al ver que quieren entrar. Desesperada corro y logro llegar a la calle alejándome, serían como las dos de la madrugada cuando encuentro a un vecino que me dice que las mujeres son distribuidoras de droga y que sus acompañantes son de la mafia.

 

 

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Sueño 5

Cada lunes voy al súper. Hay demasiada gente comprando más de lo habitual, quizá por la quincena del fin de semana o porque se acerca un día festivo. Largas filas en las cajas hacen que las personas tomen revistas para entretenerse en lo que llegan para pagar. Nadie se percata que en las puertas de salida se encuentran personas abarrotadas sin poder salir. Se detiene la música de fondo, una voz masculina anuncia que las puertas del supermercado quedarán cerradas y nadie podrá abandonarlo. Angustiada sacó mi celular del bolso para hablar a mi casa y avisar lo que está sucediendo. No hay señal. Algunas personas entran en pánico y lloran, otras insultan a los cajeros que se encuentran sorprendidos ante el anuncio. Busco las puertas de las oficinas, pero todas están cerradas, levanto  los auriculares de los teléfonos que encuentro a mi paso y ninguno tiene tono, los relojes no marcan la hora. Recorro pasillos alfombrados escasos de luz, hasta llegar a un gran ventanal que deja ver que ha anochecido, lo único que ilumina el vacío son las luces de una gran nave con escaleras eléctricas, por donde suben personas con su carrito de súper.

 

*Aída María López Sosa (1964) Mérida, Yucatán. Psicóloga con especialidad en Tecnología Educativa por la Universidad la Salle. Capacitadora certificada por CONOCER y registrada ante la Secretaria del Trabajo y Previsión Social. Cursó el Diplomado de Creación Literaria en la Sociedad General de Escritores de México (SOGEM) Guadalajara y en la Escuela de Escritores de Yucatán Leopoldo Peniche Vallado. Ha publicado en la antología Caleidoscopio XIII, editada por la SOGEM Guadalajara (2016). La revista Ahuehuete del Seminario de Cultura Mexicana en su edición marzo-abril 2016. Ha colaborado en la sección cultural de la Crónica de Jalisco con cuento. Una Minificción fue seleccionada y publicada en la antología Vamos al Circo: Minificción Hispanoamericana (2016), con respaldo del fomento editorial de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Así mismo fue seleccionada con un texto para la antología Cortocircuito: fusión en la Minificción (2017), de la colección Ficción Exprés del fomento editorial BUAP. Antalogada con narrativa en la edición conmemorativa de la fundación de la ciudad de Mérida en Palabras y Miradas (2017), editada por el gobierno municipal. Antalogada en el proyecto Mujeres que no callan Yucatán (2017). Seleccionada para la antología Resonancias (2018), del Fondo Editorial BUAP. Ha colaborado en revistas y periódicos impresos y virtuales, locales, nacionales e internacionales. Colaboradora en la revista virtual Inteligencia No Artificial y en la revista cultural Molino de Letras de la Universidad de Chapingo. Ganadora del Primer Concurso Nacional de Cuento convocado por Escritoras Mexicanas. Miembro del PEN Internacional (Asociación Mundial de Escritores) sede Guadalajara.  

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