#Tendencias #Depresión

depresionPor: Paola Díaz Romano*

 

Hay muchas cosas que están más allá de la comprensión de su humilde servidora, pero la que encuentro más difícil de entender, es cuando una persona decide quitarse la vida. Lo he visto pasar entre mis compañeros de escuela, y entre mis colegas. Puedo sólo suponer el estado de desesperación y desasosiego en el que la mente de una persona se puede encontrar, pero aún así para mí siempre hay una salida. No hay problema pequeño o grande que no tenga solución.

 

Puede que no lo tengamos todo, pero no vivimos en guerra, no dormimos con hambre o con frío; contamos con un techo sobre nuestras cabezas, un empleo que nos da para pagar las facturas a fin de mes, alguien que nos quiere. O al menos, eso pareciera. Sin embargo, hay quienes a pesar de la fama y el éxito viven siendo perseguidos por sus propios demonios, y contra eso, los que estamos afuera tenemos pocas opciones para ayudar. Para ejemplos podemos tomar a Kate Spade, diseñadora de bolsos y accesorios, y a Anthony Bourdain, famoso Chef, escritor y creador de documentales de viaje quienes se quitaron la vida la semana pasada.

 

La depresión es una enfermedad mental de la que no se habla. Nadie va por la calle diciendo que está deprimido, que le cuesta levantarse de la cama, que a pesar de las sonrisas y del éxito, la felicidad sigue pareciendo inalcanzable. El vacío sigue ahí, el insomnio los acompaña todas las noches,  la ansiedad y el miedo los paraliza. Pero no lo dicen a nadie, no lo comparten. Pocos reconocen que necesitan ayuda, que vivir en angustia eterna no es normal; que la gente no está en su contra y que estar irritables todo el día y a todo buscarle el lado negativo no debiera ser un estado permanente. Pocos reconocen que obtener ayuda externa es imperativa y muchos rechazan la idea de ir con un psicólogo o terapeuta porque “no están locos”.

 

Los pocos que llegan a estirar la mano, a pedir ayuda, tienen que pasar por un largo proceso para reconocer que tienen depresión y que no es algo que se cure de un día para otro. Sin embargo, el estigma de ir al psicólogo acaba con muchos, el hecho de tomar medicamento prescrito por un psiquiatra los hace sentir ‘inválidos’ y si aunamos el hecho de que estas terapias salen caras e impactan el bolsillo propio y de los que están a su alrededor, terminan sintiéndose aún más culpables y poco merecedores de la ayuda, lo que los hace dejar el tratamiento y volver a empezar el ciclo.

 

Dicen los que saben que la depresión no se cura, pero se aprende a vivir con ella. Lo que no explican es ¿cómo le hacemos los que estamos afuera para no caer en la frustración al ser rechazados por alguien que a leguas está deprimido y que no acepta ayuda alguna?

 

Pero eso, como dicen por ahí, es otra historia.

 

*Paola Díaz Romano. Vive en Bruselas, Bélgica, es experta en redes y bloguera.

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