#PuntoDeInterés #LosJóvenes¿Criminales?

chicos

Por: Georgina Juárez Lledias

La ruptura que existe entre los jóvenes y otras generaciones es añeja, está llena de prejuicios y ha ido creciendo en los últimos años al negarles oportunidades básicas como el acceso a la educación o al trabajo.

De acuerdo con la “Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010”, la tercera parte de la población mexicana está formada por jóvenes, la Asamblea General de Naciones Unidas define a las personas jóvenes como aquellas que van de los 15 a los 24 años de edad, pero en México el rango de edad cambia notablemente, según el artículo 2 de la “Ley del Instituto Mexicano de la Juventud”, este segmento poblacional está formado por aquellos que oscilan entre los 12 y los 29 años.

El estudio que hace la CONAPRED sobre este grupo es largo y revelador, además refleja cómo son marginados, rechazados y hasta criminalizados; resulta que lo que impulsa esta segmentación es: la edad, el color de piel, la forma de vestir y la condición socioeconómica. Estos prejuicios están fuertemente arraigados, tan es así que el 57.1% de la gente piensa que está justificado el llamar a la policía por el sólo hecho de “ver a muchos jóvenes reunidos en una esquina”. No importa el nivel socioeconómico, 5 de cada 10 personas en el país lo harían. Los jóvenes no son ajenos a este rechazo, el 20% dice que al reunirse con sus amigos, la gente cree que es para delinquir.

En general, la cuarta parte de los mexicanos declaran que no se respetan los derechos de esta población, esta percepción es compartida por casi la mitad de los jóvenes, quienes aseguran que no se respetan sus derechos, mientras que el 24% creen que sus derechos han sido vulnerados por su apariencia.

Estos hombres y mujeres tan señalados, no sólo están conscientes de la discriminación que sufren, el 44.8% de ellos señala ver el trato desigual que se les da a las personas por su color de piel.

Un tema sensible es el de los jóvenes que no estudian ni trabajan (quienes sufren un grado importante de violencia), la percepción generalizada es que no lo hacen “porque no quieren hacerlo” en un 36%, 19.4% declara que es “porque no quieren y no pueden” y el 18.1% dice que es “porque no pueden”. La intolerancia hacia este sector es más profunda a mayor edad, los adultos que rebasan los 60 años, creen que estos jóvenes no estudian ni trabajan (39.4%) simplemente porque no quieren.

Del lado de los jóvenes, ellos piensan que el principal problema que enfrentan es la falta de empleo en 35.4%, de estos casi niños y niñas (pues van de los 12 a los 14 años) el 87.9% sólo estudia, el 3.7% ya tiene empleo y el 6% no estudia ni trabaja. En el rango siguiente que va de los 15 a los 17 años 6 de cada 10 estudian, mientras que 1 de cada 10 no va a la escuela ni tiene empleo, 8.33% ya labora y el 5.2% se dedica a labores domésticas no remuneradas (mayoritariamente mujeres a causa de embarazos adolescentes). Entre los 16 y 22 años, son las mujeres quienes tienen un mayor índice de deserción escolar, mientras que casi el 31% de los jóvenes (a nivel general) abandonó la escuela alrededor de los 16 y 18 años.

A decir de los entrevistados, si pudieran el 38% quisiera trabajar y el 35% estudiar.

Este instrumento da cifras demoledoras, el 66.05%  de los jóvenes (todo el rango de 12 a 29 años) nunca han tenido un empleo, y el 60% de ellos ya ni siquiera está en búsqueda de uno.

Una preocupación medular para este grupo es la seguridad, el mayor temor de esta población es el robo con violencia, seguido por el convertirse en víctimas de la violencia del narcotráfico, por último y lo más preocupante es que estos jóvenes temen ser abusados por las fuerzas de seguridad pública, el 85% de esta población cree estar desprotegida frente a los abusos de las autoridades. Los jóvenes de 18 a 23 años, tienen más temor a la violencia resultante de los cárteles (28.2%), muy cerca está la contraparte, temen en un 21.2% a las fuerzas de seguridad.

Estos miedos responden primero, a que son personas muy estigmatizadas y criminalizadas, son señaladas por el simple hecho de ser jóvenes y reunirse, no tienen oportunidades de desarrollo y además, están en un rango de edad donde no sólo pueden ser víctimas de la violencia del narcotráfico, sino que pueden ser reclutados por la delincuencia organizada.

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