#DóndeEstánLosNiños

niños letreros

Por: Paola Díaz Romano*

Estuve posponiendo el momento de escribir porque pensé que algún otro tema sería de mayor interés. Pero la verdad es que no he podido dejar de pensar en esos casi 2 mil niños separados de sus padres, y esos padres que deben estar al borde de la locura sin saber de sus hijos.

Le voy a confesar algo, estimado lector. Yo era de esas que se molestaban al escuchar a niños gritar o llorar. De esas que rezaban para que no le tocara un niño pequeño al lado al viajar en avión. De esas que no comprendían cómo es que ciertos padres se atreven a llevar a un menor de 5 años a ver una película a las 10 de la noche (honestamente, eso aún sigo sin entenderlo).

El convertirme en madre, me abrió los ojos y ahora me encuentro en un estado emocional tan empático, que se me rompe el corazón cuando veo a un niño pidiendo dinero en la calle, cuando veo a familias enteras de refugiados sosteniendo carteles afuera del metro que dicen ‘no somos invisibles’, cuando veo los noticieros con imágenes de niños sirios ensangrentados y llenos de polvo, también cuando leo los tuits y artículos relacionados con esta horrible separación de familias en la frontera con Estados Unidos.

Se que hay muchas más cosas pasando en el mundo. Que México fue eliminado del Mundial, que la revancha de Moctezuma hizo lo propio con Brasil, y que Gael García desea una final Bélgica-Croacia, igual que yo. Pero lo que no me deja dormir por las noches, no ha sido la victoria de AMLO, ni la guerra comercial que Trump ya empezó con China.

¡Son los niños! ¿Dónde están los niños y las niñas? ¿Quién los cuida? ¿Qué les dan de comer? ¿Duermen con frío? ¿Duermen siquiera? ¿Qué tipo de gente los rodea y con qué fines se los han llevado? y sobretodo: ¿Cuándo los van a reunir con sus padres?

Han sido pocos los afortunados que han sido devueltos a sus familias. He visto videos compartidos en las redes sociales y se me salen las lágrimas al verlos. Al pensar el infierno por el que debieron haber pasado. Luego pienso en los que aún siguen esperando el día en el que vuelvan a ver a sus pequeños y lloro aún más.

Es una lástima que los seres humanos encontremos nuestra empatía sólo cuando nos convertimos en padres. Sólo en ese momento conocemos el verdadero amor, infinito e incondicional y al mismo tiempo, el terror de lo que significaría perderlo.  Si usted tiene un niño o niña en casa, o dos o tres, abracelos muy fuerte hoy y dígales que los ama. Sólo por hoy evite regañarlos y criticarlos. Sólo por hoy tómese 5 minutos más para escucharlos y sonreírles. Ahora haga lo mismo mañana y todos los días de la semana.

*Paola Díaz Romano. Vive en Bruselas, Bélgica y es experta en redes y bloguera

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