Migración, ¿derecho?  ¿decisión? ¿o delito?

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Por: Georgina Juárez Lledias

La migración es un fenómeno que ha acompañado al ser humano desde el inicio, hombres y mujeres han buscado otros lugares para establecerse por las mismas razones que hoy en día: hambre, supervivencia y la posibilidad de mejores condiciones de vida. Recientemente se ha añadido un elemento, la violencia, el desplazamiento humano para preservar la vida.

Las grandes migraciones han sido producto de crisis humanitarias, según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en 1951; 11 millones de personas desplazadas por la guerra se reasentaron en otros sitios, otros fenómenos poblacionales han sido: Hungría en 1956, Checoslovaquia en 1968, Chile en 1973, los refugiados vietnamitas (conocidos como “boat people” o la gente de los botes) en 1975, Kuwait en 1990, Kosovo y Timor en 1999, el tsunami asiático y el terremoto en Pakistán en 2004 y 2005; hace unos días este organismo dio a conocer que en este 2018 se contabilizaron 73 mil 696 personas que llegaron a Europa provenientes de África, mientras que mil 565 murieron en el trayecto, a esto podemos sumar el desplazamiento de Venezuela, donde alrededor de 3 millones de ciudadanos han abandonado su país por la crisis.

Al ser un fenómeno mundial creciente, en 1994 se llevó a cabo en El Cairo “La Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo”, misma que terminó con la aprobación de un programa de acción a 20 años, esta ponencia tuvo como uno de sus puntos centrales los migrantes documentados, se habló de sus derechos, de “cómo su integración en la sociedad es aconsejable y es importante con objeto concederles los mismos derechos sociales, económicos y legales que a los ciudadanos, de acuerdo con la legislación nacional”; además se habló de la necesidad de proteger a estos migrantes y a sus familias del racismo, etnocentrismo, xenofobia y de su libertad de conservar creencias religiosas y culturales.

Hubo un particular énfasis a esta fuerza de trabajo y su impacto positivo en las economías, ahí se puntualizó: “La migración documentada es en general beneficiosa para el país de acogida, ya que en su mayoría los migrantes suelen estar en la edad más productiva y poseen la formación profesional que necesita el país de acogida, y su admisión está en consonancia con la política nacional. Las remesas de los migrantes documentados a sus países de origen constituyen a menudo una fuente muy importante de divisas y contribuyen al bienestar de los familiares que dejaron atrás” lo que también dejó claro esta conferencia es que si bien la migración documentada es aplaudida y protegida, la migración ilegal debe ser restringida.

En esta misma Convención se trató el tema de los flujos migratorios no documentados, se profundizó sobre aquellos migrantes que no cumplen con los requisitos de los países receptores, estipulándose la obligatoriedad de las naciones de destino de evitar actuaciones y políticas racistas o xenófobas, también se señalan los derechos básicos de los migrantes (aunque muchos crean que estas personas no tienen derechos, por su condición de migrantes) entre ellos está la salvaguarda de sus derechos humanos básicos, incluido el de solicitar asilo y a disfrutar de él, en caso de persecución y a prevenir su explotación.

Otro parteaguas en materia de derechos de los migrantes tuvo lugar en la Declaración del Milenio, donde se planteó específicamente el compromiso de adoptar medidas para garantizar el respeto y la protección de los derechos humanos de los migrantes, los trabajadores migratorios y sus familias.

Entonces por qué parece que los migrantes indocumentados o los desplazados son individuos carentes de derechos, por qué esa población vulnerable es aún más vulnerable a todo tipo de abusos de gobiernos y particulares; la migración, en principio es una decisión personal, la decisión de dónde vivir o dónde tener hijos, decisiones que contavienen muchas veces las políticas de los países que tienen o quieren el control de sus poblaciones.

Otra variable son los niños, datos de UNICEF (febrero 2018) ponen de manifiesto la realidad de los menores, de acuerdo con este organismo, en 2016: 28 millones de niños vivían en situación de desplazamiento forzado (16 millones producto de un conflicto armado y 7 millones por desastres naturales), y más de 12 millones como refugiados, en espera de asilo. La vulnerabilidad de los menores migrantes es tal, que como vimos no sólo pueden ser deportados con suma facilidad, sino que pueden ser encerrados y separados de sus padres como lo hizo el gobierno estadounidense, sólo por el hecho de que sus padres o madres no son migrantes legales.

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