Silbidos en azulejos

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Por: Randy Perdomo García

Para E.Ch.

a Jean Portante

“Por qué la memoria/ cuando regresa / lleva vestidos/arrugados. / Acaso ha dormido / vestida la última noche / en la cama / que no ha querido deshacer. /

El silencio que guarda / plancha su camisa/ antes de reinstalarse.

Por qué la luna cuando/ nos une / se vuelve tan pequeña / en la noche. /

La noche que es grande / y toca el cielo con su caballera/ revuelta. /

Hay guerra allá arriba/ y aquí abajo una sombra/

en tu rostro. /

Es el tiempo que pasa y al pasar cuenta los golpes que da.” [1]

 

I

Son al nido próximo, jaulas vacías. En la infancia ahí pernoctaban varias clasificaciones, y cuando crecían los cuerpos, huesos de las aves, sus sílabas vertebradas y caliente sangre, morían. Ya hoy, nadie los recuerda; algunos se fueron, otros murieron, demás fiados y azulejos se domesticaron entre las oxidadas puertas.

Cuando el pasillo era de tierra, operábamos las lagartijas que se lanzaban al canto, los gatos los enterrábamos y vendíamos jugo de limón al cercano estiércol de la humedad.

Ya hoy, alguien viene, con el agua y las pinturas; el cemento ha fabricado más sombras que desmemorias, líneas trazadas para el orden, el anciano se acostumbra al paso del tiempo y los sucesos jóvenes, dicen que es normal lo que era un horror para sus abuelos.

Ya hoy, dirán que es un terror alquilar libros y permitido cautivar algún sitio o paisajes. Y la libertad, ni camina, ni salta, ni se mantiene sola, ni las extremidades se buscan.

Ya hoy, excusan al nombre de una calle, las estatuas con grafiti, el profeta de los pies y los perros a las sombras. Llegan algunos sitios para amar a los asiduos y mártires, un gobernante amigo cita en su discurso al héroe, y otra vez, otro que no retrocede y viene.

Él aprendió de las encías, como se inflaman y se limpian, quizás es más útil, que buscar alternativas al salitre del mar: cuándo se dividen las bocas, en ciertas 4 partes y algo así como 32 componentes; el aire teclea contaminadas mareas, cuando sangran aparece el olor a las púrpuras subterráneas, lejanías que piden al deseo. Se fue al país, sin la ilusión del pueblo y la mención de los sentidos.

Urgencia médica para las algas, peces, brisa y colgado resplandecer cuando tu mirada despide, las sombras amanecida.

II

Reporte un diagnóstico, una historia clínica, otro especialista, busque en la recepción otro turno.

Espere. Quieren ser girado, examinados, que los socorros débiles inquieran, escupan, enjuaguen, sólo pensar en cuando vuelvan, convertirse en el médico que examina otro médico.

[1] Portante, Jean: El trabajo del pulmón, Antología personal, Editorial Arte y Literatura, 2016, pp. 218-219.

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