Silbidos en azulejos

Tercera parte

Por: Randy Perdomo García

libros1

“Todavía es un joven

secreto. Nadie

sabe que él es el dueño

del mismo aire”

“Quién pudiera tan sólo velar la vida,

en su flor, su comienzo, tardar un poco![1]

 

VII

de estación de ferrocarriles,

de los jueves, viernes, los fines de semana,

de otra vida

 

VIII

¿Quién no escucha las nocturnas pisadas en la acera

tornarse más opacas al cruzar la yerba

que nos trae el amigo, al bien llegado?

¿A quién, ya tarde, no le cuesta mucho

despedirse y murmura generosos deseos,

inexplicables dichas, bajo los fríos astros?

Los niños juegan en la calle

gritan, se esconden y se dicen sus nombres

 

IX

¿Cuántos mares has corregido sin olfatos?

¿Cuántos atardeceres en los aguijones rústicos?

del sol en los aguaceros

de las religiones, biblias precavidas y un crucifijo que salva

¿Por qué los idiomas?

[1] García Marruz, Fina:  Sola, es la paz, Ediciones Holguín, 2009, p. 86.

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