#InArts #InShock #PlaceresCulpables Pepinillo Por: Alejandro Barrón*

Llegada la noche, esperó a que todos estuviesen dormidos y salió sigilosamente del armario, donde había estado escondido (o a donde en realidad lo habían confinado), y se dirigió hacia la habitación de Ana.

Entre los claroscuros plateados que la luna proyectaba, pudo observar el bello rostro de Ana. Su semblante de angelito, sus manos pálidas y bellas, su cabello de oro.

Le dio tanta ternura que por un momento flaqueó.

Sin embargo, recobró los bríos y tomando una almohada se abalanzó sobre ella y la presionó contra su rostro. Muy poca resistencia ofreció la niña, que al final prácticamente había muerto dormida.

Nadie supo explicar su deceso más allá de un incidental ahogamiento nocturno.

Durante la capilla ardiente pusieron en las manos de la niña a su muñeco Pepinillo, quien, una vez cerrado el ataúd y mientras echaban los pesados terrones encima, sonrío satisfecho y abrazó a su dueña.

Nunca más los volverían a separar.

*Alejandro Barrón (Tepic, 1987). Estudió Comunicación en su ciudad natal. En 2015 publicó la plaquette de ficciones breves Patrañas (NadaEdiciones), posteriormente vinieron el libro de cuentos Pinche Malena (Morvoz) y las plaquettes Desquiciados (NadaEdiciones) y Mozalbetes (BUCARELI). Ha publicado en Plesiosaurio, Brevilla, Punto en Línea de la Universidad Nacional Autónoma de México, Rojo Siena, Letralia, Primera página, La Jerga, Pájaro azul y Playboy. En 2018 la editoria La tinta del silencio publicó su más reciente libro de microficciones titulado Tragedia en cinco actos. Desde 2010 reside en la Ciudad de México, sin embargo la gente del pueblo de Bellavista asegura que su fantasma deambula todas las noches por los pasillos de la antigua fábrica de hilados y textiles.

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